Cada 11 de febrero, miles renuevan promesas, agradecen milagros y buscan consuelo bajo la mirada serena de la Virgen.
Esta vez, el tiempo acompañó: el descenso de la temperatura y un sol amable hicieron más llevadera la jornada para quienes, como cada 11 de febrero, eligen subir hasta el pie de la gruta.
Las misas comenzaron a las 5 de la mañana y se celebraron cada una hora hasta el mediodía. La agenda litúrgica tiene su momento más esperado a las 17, con la tradicional misa por los enfermos, una ceremonia cargada de emoción donde abundan las lágrimas, los pedidos y los gestos de esperanza.
La jornada culminará con la procesión de las 21, que partirá desde los portones del Parque General San Martín hacia el santuario, iluminando la noche mendocina con velas y cánticos. A las 23 se celebrará la Eucaristía Solemne de la Fiesta, presidida por monseñor Marcelo Daniel Colombo, arzobispo de Mendoza.
El origen de esta devoción se remonta al 11 de febrero de 1858, en la villa francesa de Lourdes, a orillas del río Gave. Ese día, según la tradición católica, la Virgen María se apareció por primera vez a una niña de 14 años, Bernardita Soubirous, en la gruta de Massabielle.
La historia cuenta que Bernardita había ido a buscar leña junto a dos amigas. Como sufría de asma, no podía cruzar el agua fría del arroyo y se quedó atrás, sola. Fue en ese instante cuando vivió la experiencia que marcaría su vida para siempre. “Sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza; en ese momento apareció en la gruta una bellísima señora, tan hermosa que cuando se le ha visto una vez, uno querría morirse con tal de lograr volverla a ver”, relata la tradición cristiana.
Desde entonces, Lourdes se convirtió en un símbolo universal de fe y sanación.
Fotos Daniel Caballero
Diario Los Andes










