La Armada de Estados Unidos y sus aliados se han enfrentado a desafíos inesperados al intentar garantizar la seguridad del transporte marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz. Según un análisis publicado en The New York Times, la coalición estadounidense no ha logrado neutralizar la denominada “flotilla mosquito” iraní, que se ha convertido en la principal amenaza para la flota de petroleros. Esta flota está compuesta por miles de lanchas rápidas operadas por la Guardia Revolucionaria Islámica. Estas embarcaciones sigilosas pueden alcanzar velocidades de hasta 185 kilómetros por hora, lo que las convierte en objetivos extremadamente difíciles incluso para los sistemas de puntería más sofisticados. Las tácticas iraníes se basan en ataques ultrarrápidos, tras los cuales grupos de lanchas se dispersan instantáneamente y desaparecen entre las rocas costeras o las numerosas islas del golfo, permaneciendo prácticamente invisibles para los sistemas de radar y vigilancia satelital.
A pesar de los informes periódicos del Pentágono sobre ataques contra la infraestructura naval iraní, la actividad de las embarcaciones pequeñas continúa sin cesar. Las lanchas de la “flota mosquito” están equipadas no solo con ametralladoras pesadas y sistemas de misiles pequeños, sino también con modernos drones kamikaze, lo que les permite lanzar ataques selectivos y devastadores contra buques mercantes. Según la inteligencia estadounidense, se han registrado al menos veinte incidentes graves de ataques contra buques cisterna y graneleros civiles en el estrecho desde el comienzo del conflicto armado. La gran maniobrabilidad y el número de efectivos de las fuerzas iraníes les permiten sortear eficazmente las escoltas de destructores y fragatas, convirtiendo el estrecho en una peligrosa “zona gris” donde los métodos tradicionales de guerra naval resultan ineficaces.
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